La ciudad y el miedo.
La sociedad es violenta porque se fomenta la violencia desde intereses personales, económicos y políticos, que conforma un ciclo de opresión, abuso y represión.
Los Educadores trabajamos habitualmente con
personas que son víctimas de esta violencia, y que presenta a nuestro alrededor
distintas caretas:
- El paro, porque genera frustración, impotencia
- El
trabajo, cuando la mano de obra es barata o se utilizan menores
- El
alcoholismo, que hace insoportable la convivencia y el desarrollo armonioso de
la familia,
- Las
drogas, que envenenan la mente antes que las venas.
- Los
malos tratos
- Los
medios de comunicación que fomentan el consumismo,
- El
racismo, la intolerancia, la xenofobia, los prejuicios o el etiquetamiento de
los “diferentes”.
- La
injusticia de la Justicia
- La
escuela cuando no se adapta a las personas a las que trata de educar
- El
hábitat urbano cuando está degenerado, contaminado,...
Estas caretas no son sino la imagen de una sola cabeza: una sociedad que hemos construido con cuerpo de acero... pero con pies de barro.
2. Los factores sociales que influyen en el
desarrollo de la convivencia.
-La urbanización acelerada (viviendas
sociales, especulación...). La ciudad crece rápido pero sin una consecuente
dotación de servicios educativos, de salud, de trabajo...
-La inseguridad en los barrios (droga, paro,
“movida”...). Pero sobre todo es la inseguridad de los más pobres, de los niños
y jóvenes. Es lo que llamamos crisis generalizada de nuestra sociedad.
-El abandono escolar (por fracaso, por falta
de estímulos).
-La ausencia de formación profesional.
-La competitividad exagerada, fomentada y
gratificada.
3. Los factores personales que influyen en el desarrollo armonioso de los más jóvenes.
-Ausencia
de protagonismo. El joven no se siente actor ni protagonista. De ahí nace su apatía o rechazo de la
sociedad.
(a modo de anécdota podemos señalar que las
“bandas juveniles” son un intento que realizan los jóvenes por ser ellos
mismos, por participar y por hacer
respetar unas normas que la misma banda impone).
-Privaciones
materiales
(bajo el efecto del bombardeo consumista).
-Privaciones
afectivas
(malas relaciones, convivencia poco cualificada).
Todo esto marca la historia personal de lo
que cotidianamente conocemos por “el joven de la calle”, que son muchos, pero
que detrás de cada uno se esconden mil mundos diferentes: cada uno con su
propia historia.
LA CALLE
¿Qué conocemos por calle?: La calle es el
espacio público separado de la vivienda y del espacio privado. Por eso no hay
una sola calle, sino muchas y muchos también los espacios: muros, jardines,
esquinas, plazas, mercados, estaciones, túneles, vías, campos, soportales,
parques, escaleras, terrenos baldíos, construcciones abandonadas... que
servirán de territorio temporal para ser utilizados por el joven según las
circunstancias.
La calle, como espacio de uso público, separado de la vivienda u
otros establecimientos privados, tiene sus orígenes en el siglo pasado, ya que
en el XVIII todavía calle y vivienda no se distinguían de lo público o privado.
Fue la revolución de la burguesía quien creo esa separación, apoyada por las
nuevas estructuras sociales y políticas. Los niños y jóvenes no podían
permanecer en la calle si no eran acompañados de adultos, aunque los cambios
sociales provocaron que para muchos se convirtiera en un lugar de residencia
obligada, apropiándose de la calle para uso privado.
Hoy, podemos hablar de calles, céntricas y periféricas,
urbanizadas o no. Las plazas, jardines, parques, mercados, estaciones de tren y
autobuses, metro, muros, escaleras, avenidas, solares, edificios en ruinas... Por
tanto, la calle no es un espacio homogéneo y único. Cada uno de estos elementos
tiene unas características y unas funciones, ya sean públicas, individuales o
sociales:
-Lugar permanente para «simplemente estar», para consumir un
tiempo que «sobra».
-Lugar de juego, aventura, encuentro con los «colegas», de
intercambio de información y producción de cultura (donde los adolescentes y
jóvenes reciben el 80 % de la cultura que incide en su comportamiento).

-Lugar de consumo desmedido, potenciado por los mass-media
(«priva», porros, tragaperras, ropa, música). Aún asi, los chavales no viven la
calle como un lugar necesariamente negativo, pues sirve para «aprender de la
vida».
La calle, convertida plenamente en un lugar de consumo sobre todo
para los jóvenes: publicidad, escaparates, objetos seductores, letreros
luminosos e incitadores, trapicheo..., es testigo mudo del crecimiento de los
chavales en un ambiente de reclamo y seducción.
El joven acabará utilizando la calle de
manera creativa, como estrategia de supervivencia. Aunque no viven la calle
como algo negativo para ellos, puede ser:
-un medio natural de ganarse la
vida (intercambio, producción, venta),
-una forma de anonimato, donde
los “suyos” no le controlan,
-un lugar de permisividad, sin
límites.
Sin duda, un sitio para los que algunos
chavales significa “el único espacio”:
“El padre
de José nunca estaba en casa, que por
otra parte carecía de luz y agua. La madre les había abandonado hace años y su
otro hermano también se dedicaba a estar todo el día en la calle. Ambos
estuvieron en varios centros de menores sin que consiguieran en ninguno de
ellos encauzarles de manera positiva. El pasado año José todavía vendía hachís
en la estación de autobuses, lo que le permitía disponer de algún dinero. Nunca
le ví fumar, aunque su hermano –según me comentó un policía que le estaba amonestando-
fumaba heroína. José ha muerto este año en una pelea tonta, mientras su hermano
está en prisión por un robo...”
(Diario de un Educador de Calle)
Del “hogar” (entre comillas) hacia la calle:
Veamos un ejemplo de cómo se produce este
alejamiento del domicilio familiar.
Se da de forma progresiva. No hay abandonos
súbitos, si no que hay siempre una preparación (o como dice el refrán “pies
para que os quiero”):
“Noelia
hablaba con los chavales sobre las palizas que le daba su padre con el
cinturón, llegando incluso a enseñarles la espalda para mostrar las secuelas.
Ella, siempre tan callada y reservada, un día se fugó. Nadie parecía saber a
dónde había ido, el caso es que después de dos días de búsqueda infructuosa por
la policía seguía sin dar señales de vida. Entre los amigos había un absoluto
mutismo, salvo las referencias que hacían a los malos tratos que había
recibido.
Después de un día de mucha tensión, con la
presencia de la policía, padres y familiares, un Educador hizo las oportunas
averiguaciones, consiguiendo al fin encontrarla en una casa abandonada a altas
horas de la noche. En su mano tenía una maleta, mientras lloraba y tiritaba de
frío. Rogaba que no la entregasen a sus padres...”.
(Diario de un Educador de Calle)
Podemos
afirmar que los jóvenes de la calle se definen en función de los siguientes
parámetros, sin ánimos de encasillar o sentar precedentes:
1. Viven normalmente en un barrio
periférico.
2. Las relaciones familiares son escasas o
negativas.
3. Desarrollan estrategias para sobrevivir y
desenvolverse en la calle.
4. La calle es el lugar habitual para las
relaciones, juegos, fiestas...
5. Sufren los peligros del medio
(detenciones, riñas, trapicheo, consumo de drogas, estigmatización...).
Alternativas a la marginación.
En ese trasegar por los barrios entramos en
contacto con niños y jóvenes que no tenían otra alternativa más que ver pasar
el tiempo o esperar la ocasión para unirse a otros jóvenes para buscar
aventuras y nuevas experiencias.
Primer objetivo:
-Acercarse
a ellos para entablar una comunicación y un encuentro educativo.
Generando otros objetivos:
-Ayudarles a salir de su ambiente de
soledad.
-Ayudarles a encontrar oportunidades para su
desarrollo personal, familiar, social.
-Buscar soluciones a las situaciones de
marginación.
EL EDUCADOR DE CALLE.
Ser Educador es, sobre todo, una actitud
ante la vida, una forma de relacionarse, de acompañar, de comprometerse... y capaz
de acompañar al otro en la construcción de un proyecto de vida. Así debe ser el
Educador de Calle:
-Un profesional que recorre calles, bares, campos de juego,
rincones... en busca de chavales a los que ofrecer amistad, ayuda, apoyo,
vivencias, alternativas...
-Un profesional que es crítico con la sociedad.
-Un adulto cualificado que sirve de referencia a niños y jóvenes,
poniendo a su disposición los medios necesarios para que pueda concienciarse de
su situación personal y del entorno.
-Un Educador social de medio abierto cuyo objetivo son los
adolescentes y jóvenes con problemas de inadaptación social, marginación,
delincuencia y predelincuencia, utilizando la pedagogía de la relación.
-Una persona con vocación solidaria por los niños y jóvenes menos
favorecidos que tiene una tarea educativa no formal.
-Una persona que se integra en el tejido social de un barrio y en
su dinamismo transformador.
-Una persona que educa por contacto, que inicia caminos inéditos
con el chaval para hallar las respuestas más convenientes.
-Un profesional sin horarios, porque las intervenciones educativas
se desarrollan con más facilidad en los momentos de ocio.
«Un trabajador social, cuyo marco de trabajo es fundamentalmente
la calle, por ser éste un ámbito esencial de socialización al que no llegan las
instituciones. Su acción educadora va dirigida a los niños y jóvenes con
problemas de inadaptación social con los que lleva un tratamiento a la vez
personal y grupal. Es un adulto que sirve de punto de referencia e identificación
al menor y es testigo de la realidad de éste. Su función es facilitarle los
medios necesarios para que pueda tomar conciencia de sí mismo y de su situación
en el entorno y atender sus demandas más urgentes a todos los niveles,
utilizando para ello todos los recursos existentes en la comunidad. Es un punto
de conexión entre los jóvenes inadaptados y la comunidad».
(V Jornadas Nacionales sobre Inadaptación Social y Recuperación de Menores. Madrid, 1983).
«Un ciudadano intencionadamente
preparado para apoyar procesos evolutivos de niños y adolescentes que tienen
especiales dificultades para instalar su vida en áreas aceptables de
personalidad individual y colectiva y que, por razones histórico-sociales,
realiza este servicio sobre todo en el espacio calle».
(Faustino Guerau de Arellano)
«La función del Educador de
Calle estriba en el contacto con niños y jóvenes del barrio no
institucionalizados y que ofrezcan problemas de predelincuencia o delincuencia,
con la finalidad de hacer de puente entre el joven y su entorno, permitiéndole
así una inserción progresiva y crítica en su mundo sensibilizándolo, además, en
los problemas de este último»
«Los Educadores de Calle, relacionados
con los servicios de atención a la infancia y adolescencia del barrio, trabajan
con adolescentes y jóvenes con problemas de inadaptación, a fin de tratar la
delincuencia juvenil. Trabajan en un medio abierto y utilizan las instituciones
como apoyo a su labor.»
(Quintana Cabanas, José María.
«Pedagogía Social». pág. 431.)
Por su parte, Pius Frasnoy (1977), coordinador del Departamento de
Prevención de la Delincuencia del área de servicios sociales del Ayuntamiento
de Barcelona, afirma que el Educador de Calle:
«Actuará como elemento
catalizador entre los grupos antagónicos: el barrio y el joven.»
«Será elemento creador
de todos los aspectos: juego, diálogo, actividades».
«Acogerá las demandas
de los jóvenes y al tiempo las interpretará.»
«Hará de referencia
tiempo-espacio.»
«Se pondrá en contacto
con las diversas instituciones del barrio con el fin de dar a conocer objetivamente la problemática y encontrar pautas
y salidas válidas.»
«Será elemento activo
en las reivindicaciones del barrio con la idea de que solo cambiando éste
cambiarán las personas que viven en él».
«Mediante la
implantación del Educador de Calle en los barrios se pretende atender y
prevenir la aparición de situaciones de inadaptación». «El Educador de Calle se
introduce en el mundo de los chavales, asumiendo su cultura y su problemática,
despertando la creatividad a través del juego, el diálogo y las actividades,
intentando encontrar alternativas justas a situaciones injustas (reformatorios,
cárceles...) e incidiendo sobre sus causas (desarraigo, drogodependencia, paro,
problemática familiar o escolar...). Su trabajo se fundamenta en la prevención
de la inadaptación, la predelincuencia y las conductas tipificadas como
asociales o desviadas, aunque como meta final tiene el lograr la transformación
del individuo y la comunidad»
( «Reflexiones de un Educador de Calle»).
«Individuo que trabaja
de un modo directo sobre el campo de la marginación y desadaptación. Es una
forma concreta del «educador especializado», que responde especialmente a las
necesidades que, sobre todo, se crean en la calle»
(Cfr.
Yagüe J., «Ser educador en la calle» en «Misión Joven» 161, 1990)
Por tanto, el Educador de Calle, será una persona que se implica y
complica con los grupos humanos a los que desea apoyar. Por eso:
-Actuará como elemento catalizador entre el barrio y el joven.
-Tendrá que introducirse en el mundo del chaval, asumiendo su
propia cultura y su problemática.
-Será elemento creador en todos los aspectos: juegos, diálogos,
actividades...
-Acogerá las demandas de los chavales-as y las interpretará.
-Hará de referencia tiempo-espacio.
-Se pondrá en contacto con las diferentes instituciones del barrio
con el fin de dar a conocer abjetivamente la problemática de los menores y
jóvenes y encontrar pautas y salidas válidas.
-Será elemento activo en la vida del barrio.
-Realizará una educación divertida, sacando recursos pedagógicos
de cualquier lugar, sobre todo de la vida diaria.
-Ha de ser imaginativo, descolocante, responder con patrones de
conducta no habituales, pero con seguridad, cariño, firmeza y flexibilidad.
El enfoque educativo.
El proceso educativo es doble: no hay unos que ocasionan los
problemas y otros que aportan soluciones. La aventura es iniciar juntos un
recorrido en pos de respuestas por construir. Pero no se puede ver la realidad marginal
infantil y juvenil con los ojos de adulto normalizado y menos utilizar técnicas
o patrones provenientes del medio escolar. Por ello, el Educador, se va
invistiendo a lo largo de su recorrido como tal de unas características que son
inherentes a su tarea:
-Debe actuar con prudencia y equilibrio personal.
-Tendrá sentido de la responsabilidad.
-Sabrá educar con humor y simpatía.
-Trabaja para mejorar la vida en el barrio donde actúa.
-No tiene un horario de trabajo laboral fijo.
-Tiene que ser auténtico ante las personas, delante de los
chavales.
-Trabaja más por vocación que por profesión.
-«Pasa» de la seguridad ciudadana, no es su tema. Para él lo más
importante es el desarrollo integral del chaval.
-Toma opción por el más débil.
-Está integrado en el barrio, participando en las entidades
ciudadanas.
-Está capacitado para: las relaciones humanas, la comunicación y
el diálogo, la escucha, superar dificultades, analizar, planificar,
reflexionar, concretar sus pretensiones...
-Tiene capacidad de acogida: apertura, disponibilidad, aceptación
del grupo, confianza en el grupo y en las personas, desinterés, sinceridad,
respeto, discreción. amabilidad, simpatía, empatía, vitalidad, dinamismo,
sentido del humor, optimismo, imaginación, creatividad, madurez emocional,
control, equilibrio, confianza en sí mismo, tolerancia a la frustración,
carácter firme, espíritu democrático.
-Inteligencia despierta, objetividad, responsabilidad, capacidad
de iniciativa, sentido común, capacidad de adaptación, voluntad de perfeccionamiento,
intuición, tacto.
-Transparencia y autententicidad, paciencia histórica, honestidad
personal...
Podríamos resumir los tres ejes en los
que el Educador basa su acción:
CONFIANZA/CONVIVENCIA:
Potenciando la integración, el respeto, la
confianza, el diálogo y la resolución de conflictos de forma pacífica.
PRESENCIA EDUCATIVA:
A través de la presencia acogedora,
amistosa, respetuosa... para que el joven valore la vida, asuma compromisos...
Todos podemos aportar y aprender de este proceso.
PARTICIPACIÓN/TOLERANCIA
Que los jóvenes reflexionen para que se
involucren en construir solidariamente una vida más digna
Objetivos generales.
Educamos con intencionalidad. Desde una
ideología. Con una pretensión. En la charla a pie de calle, en el contacto con
la Administración, en las asambleas, en los medios de comunicación, en el
diseño de programas... subyacen una serie de metas que pretendemos alcanzar:
-CONECTAR con los niños y los
jóvenes del barrio que se presenten problemas de inadaptación, con el fin de
hacer de puente entre ellos y las posibles alternativas a sus problemas.
-OBSERVAR el transcurrir diario, los sucesos y anécdotas,
con una presencia activa, motivadora.
-MEJORAR la atención de los menores
y jóvenes en situaciones cercanos a la inadaptación.
-POTENCIAR la inserción crítica en
la comunidad.
-FACILITAR la adquisición de nuevos
modelos de relación frente a la realidad externa.
-FACILITAR el acceso a circuitos
sociales normalizados.
-DESCUBRIR casos para la actuación,
problemas y carencias en la población infantil/juvenil del barrio, tratando de
paliarlos o encauzarlos.
-INFORMAR a la opinión pública sobre
los problemas que afectan a los niños, adolescentes, jóvenes y adultos que
presentan algún tipo de carencia.
-COORDINARSE con grupos y entidades
de barrio, apoyando sus acciones y promoviendo la participación de la población.
-PREVENIR conductas antisociales.
-CAPTAR chavales y jóvenes y
ofrecerles alternativas de vida, de ocio, de relación...
-PROMOVER centros para jóvenes,
clubes, pretalleres, etc. donde puedan
ir los chavales a trabajar, divertirse, formarse, relacionarse...
-RELACIONARSE con las familias, la
escuela, los jueces, la prisión...
-PREPARARLES para que puedan dar
respuestas a su situación.
-DESCUBRIR las habilidades
personales de cada persona para desarrollar actividades grupales.
-ESTABILIZAR sus actividades
básicas: asistencia al colegio, uso creativo del ocio, trabajo, etc.
-LOGRAR el sentido de solidaridad,
responsabilidad y de convivencia.
-SENSIBILIZAR al entorno social en
el que se desarrolla la acción sobre la problemática de la inadaptación.
-POSIBILITAR la inserción crítica en
la sociedad.
-MOVILIZAR las capacidades
educativas de jóvenes y adultos del barrio.
-ANIMAR y dar soporte a la creación
de estructuras de participación para niños y jóvenes.
-PROMOVER la utilización de los
recursos comunitarios para facilitar la inserción y la adaptación del individuo
a una determinada estructura social.
-ACTUAR como mediador entre el
sujeto y los recursos.
-PRESTAR atención a las necesidades
básicas de toda persona: educación, salud, vivienda, trabajo...
-FACILITAR al individuo un cambio
personal a través del desarrollo de hábitos, habilidades, valores, relaciones
normalizadas...
-TOMAR conciencia de las capacidades
del individuo, conflictos, obstáculos, etc.
-DESARROLLAR una imagen positiva de
sí mismo.
-GENERAR recursos personales para
asumir y afrontar las diferentes problemáticas.
-DESARROLLAR comportamientos y
actitudes aceptables, mejorando la relación con el entorno.
-DESARROLLAR la motivación por la
formación académica y el mundo del trabajo.
-ACOMPAÑAR al joven, intentando
cubrir sus lagunas en el desarrollo educativo y social.
-REFORZAR la personalidad y
potenciar las capacidades del individuo.
-MOTIVAR para el aprendizaje y la
formación cultural y profesional.
-APOYAR la creatividad y la
iniciativa.
-FAVORECER la adquisición de hábitos
educativos que posibiliten un adecuado proceso de maduración.
Objetivos operativos.
Del mismo modo, el Educador pretende unos objetivos educativos que
le permitan evaluar el progreso de cada individuo, y que se formulan en función
de aquellas actitudes que deseamos conseguir del sujeto:
- Que el sujeto adquiera seguridad en sí mismo.
- Que sea consciente de que forma parte de una comunidad.
- Que sea capaz de asumir responsabilidades.
- Que mejore su interés por todo lo que le rodea.
- Que desarrolle la sensibilidad.
- Que mejore su comunicación con los demás.
- Que sea capaz de expresar de forma lógica sus angustias, miedos,
motivaciones, intereses, sentimientos, emociones...
- Que sea capaz de administrar su tiempo y dinero de forma
razonable.
- Que sea capaz de tomar decisiones maduradas.
- Que sea capaz de cumplir con hábitos de salud, higiene,
horarios...
- Que sea capaz de canalizar su agresividad.
- Que sea capaz de identificar y utilizar los recursos y servicios
del entorno.
- Que sea capaz de respetar los bienes ajenos.
- Que sea capaz de asumir las normas sociales.
- Que sea capaz de aceptar la relación de ayuda del Educador y de
mantener una relación de confianza con él.
Creemos en una educación transformadora, cuyo fin último sea la libertad
y la felicidad del hombre. Es un gran desafío para todos aquellos que,
utilizando la relación de ayuda, pretendemos cambiar aquellas circunstancias
que esclavizan a las personas cuando:
- tienen falta de referentes
- crisis de valores
- estilos negativos de vida
- falta de identidad
- se siente objetos en vez de sujetos
- perdidos en el mundo, aislados...
Y para ello proponemos a los educadores que se apliquen este
cuento:
Nasruddin
llegó a ser primer ministro del rey.
En cierta ocasión,
mientras deambulaba por el palacio, vio por primera vez en su vida un halcón
real.
Hasta entonces,
Nasruddin jamás había visto semejante clase de paloma. De modo que tomó unas
tijeras y cortó con ellas las garras, las alas y el pico del halcón.
«Ahora pareces un
pájaro como es debido», dijo. «Tu cuidador te ha tenido muy descuidado».
... o este otro:
«¿Qué demonios estás
haciendo?», le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la
rama de un árbol.
«Estoy salvándole de
perecer ahogado», me respondió.
(Anthony de
Mello: “EL CANTO DEL PÁJARO” y “LA ORACIÓN DE LA RANA”
-Editorial Sal Terrae. Santander-)
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